25/10/2016
Legislación

Repercusión en la industria avícola del Tratado de Libre Comercio entre la UE y los EEUU (I)

Ponencia de T. García Azcárate, científico titular del Instituto de Económica, geografía y demografía del CSIC, Madrid y presidente de la asociación Española de economía Agraria (AEEA), pronunciada en el Simposio de Avicultura de AECA

Hablemos de plazos

La negociación para crear una “Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión” (TTIP según las siglas inglesas comenzaron a principio del 2013. La décima ronda negociadora tuvo lugar del 13 al 17 de julio del 20151 y no cabe pensar seriamente, a pesar de las declaraciones políticas voluntaristas al respecto, en un acuerdo político bajo la actual Presidencia Obama. La prioridad hoy en los Estados Unidos es el acuerdo Trans-Asiático y hasta que no esté aprobado este no empezará la recta final del acuerdo con Europa.

Une vez terminada la negocuación, el acuerdo tiene que ser ratificado por un lado por el Senado y el Congreso americano y por otro por el Consejo de Ministros y el Parlamento Europeos y por los 28 parlamentos nacionales de todos y cada uno de los Estados miembros.

En otras palabras, las negociaciones del TTIP son importantes y hay que estar atento al tema para influir lo antes y lo mejor posible en los negociadores y en los terminos del acuerdo, pero no entrará en la fase caliente de negociación, en el mejor (o el peor, depende como se mire) de los casos, antes del 2017 y en vigor antes del 2020.

El contenido de un posible acuerdo

La naturaleza del posible acuerdo es muy distinta a todos los demás acuerdos negociados hasta ahora por Europa. Por primera vez, el elemento central de la negociación no son los aranceles aplicados por ambas partes ni la apertura de contingentes sino la aproximación, convergencia o armonización de las reglas y reglamentaciones que rigen en ambos lados del Atlántico, lo que en términos comerciales se llama los obstáculos y barreras no tarifarias.

Hoy, el arancel medio europeo a las importaciones americanas es del 5.2%, el de estados Unidos a los productos europeos del 3.5%. Es verdad que las medias esconden “picos arancelarios”, como los europeos sobre los vehículos de motor o los alimentos elaborados o los americanos sobre el material ferroviario o el tabaco.

Pero, por un lado, globalmente, estamos hablando de aranceles bajos y, por otro, estamos ya acostumbrados a las negociaciones sobre aranceles. Son una rutina bien rodada, con sus periodos transitorios y sus contingentes de importación para los productos excluidos del proceso de liberalización comercial.

Lo más importante, y complejo, de la negociación es la aproximación, convergencia y/o armonización de las normas en vigor en ambos lados del Atlántico aunque en la opinión pública el tema del arbitraje comercial ha alcanzado también mucha visibilidad.

Distintos casos se presentan y cada uno debe ser analizado en base a sus propios méritos:

  • A veces, las reglamentaciones son ya muy parecidas. Una armonización no debería ser problemática. Me dicen algunos que dicen que saben del tema que este podría ser el caso a menuda en la industria del automóvil.
  • A veces, la solución encontrada en un lado del Atlántico es mejor, más eficaz, más controlable, más fácil de implementar que en el otro lado. Cabe pensar en la adopción por una de las partes de la mejor reglamentación de la otra.
  • A veces, por tradición, las normas son muy distintas pero sus consecuencias sobre el producto final, en términos de seguridad para el consumidor por ejemplo, son muy similares. Cabe pensar en un reconocimiento mutuo de la equivalencia de las normas. Por ejemplo, Europa considera que los productos ecológicos americanos pueden entrar en el mercado europeo y ser vendidos como tal, porque aunque las normas son diferentes en algunos puntos, son consideradas como equivalentes.
  • A veces las normas distintas responden a exigencias sociales y sensibilidades diferentes. Este es el caso de los productos genéticamente modificados (OGM) o de la carne con hormonas.
  • A veces, las distintas normas tienen un impacto también muy distinto en los costes de producción y, por lo tanto, en la competitividad de ramas enteras de la economía.

Es estos dos últimos casos, estamos tocando líneas rojas de la negociación.

Los negociadores en ambos lados han declarado conjuntamente y por separado que un acuerdo no significará ningún retroceso en los altos niveles de protección al consumidor, medioambiental y social alcanzados.

El otro gran tema polémico es el de los tribunales de arbitraje. Aunque es un tema menos importante en el caso de la industria avícola, volveremos sobre el en nuestras conclusiones.

Una negociación sometida a fuerte polémica

Ya lo hemos abordado indirectamente. Toda esta negociación está envuelta en fuertes polémicas. Como siempre, todos los temores no son infundados.

Algunos de los principales peligros potenciales señalados serían los siguientes:

La falta de transparencia en la información. Se estaría negociando hurtando a la opinión pública, e incluso a los representantes democráticamente elegidos por el pueblo (tanto a nivel europeo como nacional) la información necesaria mientras que los representantes de las multinacionales tienen las puertas abiertas de la Comisión. El 83% de las reuniones mantenidas al respecto habría sido con empresas.

El mecanismo de arbitraje de las inversiones. Es visto como una jurisdicción privada que impondría su ley, favorable a las multinacionales, a los estados, sobre todo cuando intentan proteger a sus poblaciones o promover derechos sociales. Así por ejemplo, en la América Latina de ochenta y noventa, mecanismos similares habrían dado lugar a decenas de demandas de las multinacionales contra Estados que querían modificar condiciones de los contratos.

En cuanto a la alimentación, Sandra Espeja, responsable de agricultura y alimentación de “Amigos de la tierra” lo explicaba de la siguiente manera el 15 de abril del 2015:

“Dos jugadores: EEUU y la UE. El primero basa sus políticas en potenciar el comercio internacional a cualquier precio (nunca mejor dicho) y el segundo, aunque también busca potenciar los beneficios de grandes empresas, basa su regulación en ciertos pilares, como por ejemplo, el principio de precaución, y tiene más en cuenta los derechos de los consumidores. Estas políticas estadounidenses chocan directamente con la forma de producir y tratar nuestros alimentos.

-El maíz de las palomitas es transgénico en EEUU, como otras 150 variedades transgénicas que se cultivan en su territorio. Sin embargo, en la UE sólo está aprobada 1 variedad transgénica, el maíz MON 810. El TTIP implicaría la entrada masiva de alimentos transgénicos en nuestras fronteras.

-Siguiente ejemplo: en EEUU es habitual lavar o sumergir los pollos, pavos, cerdos y otros tipos de carne en cloro. La carne se desinfecta al final del proceso de producción, enmascarando posibles enfermedades del ganado. Una práctica prohibida en Europa.

El uso de hormonas para tratar la carne– incluyendo estrógeno, progesterona, testosterona y sus derivados sintéticos –está permitido en EEUU desde la década de los 50. Sin embargo, la UE prohibió su venta en 1981, y en 2003 reafirmó su decisión. Varios estudios científicos demuestran que “el uso de hormonas como promotores del crecimiento representaba un grave riesgo para la salud de los consumidores”.

-¿Y qué es la ractopamina? Se trata de un fármaco que se emplea en EEUU como aditivo alimentario para promover el crecimiento de la masa muscular en el 80% de los cerdos, vaca y pavos. La UE también prohibió su uso en 1996, al igual que en más 160 países donde tampoco está permitida.

Elementos para la reflexión

El mundo está cambiando

Debemos tener en cuenta que el centro económico y político del mundo está basculando de nuevo. Está progresivamente pasando desde un punto del Atlántico, intermedio entre Europa y los Estados Unidos hacia un punto en el Pacífico, cada año más cerca de las costas asiáticas.

El 40% de los productos que consumiremos en 20 años todavía no están inventados. Si conseguimos llegar a un buen acuerdo con los americanos, las normas que se impondrán en el comercio mundial todavía serían las que decidamos conjuntamente.

Si no llegamos a un acuerdo, las normas que se impondrán serán las que decidan en el marco del otro acuerdo en negociación, el Trans-Pacífico entre Asia y los Estados Unidos.

Es difícil pero me parece que hay que intentarlo. Esto nos lleva a intentar definir que podríamos entender como un “buen” acuerdo. Me atrevería a definirlo como un acuerdo que llegue a la mayor armonización, convergencia y aproximación posible de normas técnicas aceptable para las respectivas opiniones públicas.

En el campo de la agricultura, tenemos muchas discrepancias con los americanos: los organismos genéticamente modificados, el pollo a la clorita (por cierto, una exigencia impuesta a la industria americana por las organizaciones de consumidores tras varias muertes); la carne con hormonas entre otros y, sobre todo, una distinta filosofía de regulación: “principio de precaución” por un lado (frente a los posibles peligros, cuidado) frente a “evidencias científicas” por delante ( si no hay daño demostrado, adelante).

A esto podemos sumar otros temas como el choque de trenes entre nuestra política de denominaciones de origen y productos de calidad, frente a la prioridad a las marcas y el uso de denominaciones que ellos consideran genéricas y, por lo tanto, no protegidas.

Hay muchos obstáculos, cierto. La negociación es difícil y será larga porque los puntos de partida son muy distantes, también cierto. ¿Pero quiere esto decir que no se debe intentar?

 

Deja tu comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario, cookies de terceros de análisis y publicidad. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. Para configurar pinche en el siguiente enlace: Como configurar. ACEPTAR

Aviso de cookies