26 Jun. 2019

TENDENCIA

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¿Se preocupan las empresas avícolas por su ciberseguridad?

El cambio al mundo digital es una realidad en el día a día del trabajo en casi todas las empresas avícolas. Aunque sí es cierto que esta incorporación no se ha hecho a los mismos niveles ni a las mismas velocidades en unas empresas avícolas que en otras que en otras. El tamaño de las empresas avícolas es un factor clave y con ello el número de empleados que tiene. La estadística confirma que aquellas empresas con menos de 10 empleados presentan un retraso importante en el cambio digital ( ONTSI ).

Pero ¿cuántas de estas empresas se han preocupado por adoptar medidas de seguridad necesarias para protegerse frente a posibles ataques cibernéticos? Y lo que es más preocupante: ¿cuántos empresarios consideran que la ciberseguridad es una de las principales amenazas para su negocio?

La realidad dice que casi la mitad de los ciberataques dirigidos a empresas europeas tienen como objetivo las pequeñas y medianas empresas. Los hackers actuales pertenecen a mafias organizadas y profesionalizadas que utilizan diferentes metodologías para obtener un beneficio económico. En algunos casos persiguen un objetivo determinado con el fin de robar datos de valor, pero en otros muchos rastrean la red para identificar los ordenadores más vulnerables y en los que entrar con un mínimo esfuerzo.

Cuando han entrado y no encuentran información de valor, pueden utilizar ese ordenador para controlar de forma remota la empresa y realizar a través de él otras actividades delictivas más estratégicas, comprometiendo entre ellas la dirección IP de su propietario sin que, probablemente, este se dé cuenta. Una vez han sido capaces de entrar, controlan la empresa y la bloquean.

Lo normal es que entonces se pongan en contacto con el empresario y le hagan un chantaje económico a cambio de no hacerle perder datos críticos, de inactivarle la empresa temporalmente y de provocarle un temido daño reputacional frente a los clientes (a los que pueden añadirse posibles multas por incumplir las leyes de protección de datos).

Costes cercanos a los 30.000 euros, entre pagos de chantaje y pérdidas en el día a día de trabajo hacen que muchas empresas pequeñas no sean capaces de reponerse.

Es evidente que aún queda mucho por hacer para que las empresas del sector agroalimentario tengan el nivel de seguridad adecuado para prevenir posibles ataques, pero el primer paso que hay que dar es la concienciación y la formación. Muchas veces los propios empleados no tienen conciencia ni consciencia de las repercusiones que pueden tener sus acciones a nivel interno. Por ello, es importante establecer una cultura de seguridad y ofrecer la formación necesaria en función de los diferentes perfiles profesionales. Ninguna empresa está del todo segura en Internet, pero sí es posible minimizar al máximo los riesgos.

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