03 Ago 2020

Control y diagnóstico de las micoplasmosis en reproductoras y pollos de engorda

micoplasmosis


AUTOR

A. Gregorio Rosales

Diamond V

Contenido disponible en: English (Inglés)

Mycoplasma gallisepticum (MG) y Mycoplasma synoviae (MS) son bacterias que carecen de pared celular que causan infecciones en las aves domésticas (Figura 1). Estos organismos continúan causando pérdidas económicas en la industria productora de pollo de engorda a nivel mundial. Los casos complicados con otros factores pueden provocar problemas clínicos severos o enfermedad respiratoria crónica (ERC).

Infecciones causadas por MG pueden ocasionar estertores, tos, secreción nasal, conjuntivitis, exudados en los sacos aéreos o aerosaculitis (Figura 3), y reducciones en las tasas de crecimiento y eficiencia alimenticia. En gallinas ponedoras y reproductoras pesadas pueden causar caídas en la producción y reducciones en el número total de huevos por ave. Casos en reproductoras también pueden resultar en elevada mortalidad embrionaria con lesiones en los sacos aéreos.

Existe variación en el grado de patogenicidad entre las cepas de MG y MS y por consiguiente en la severidad de los signos clínicos. Varios factores (Figura 2) pueden exacerbar la severidad de los signos clínicos:

  • Desafíos con virus respiratorios (bronquitis infecciosa, enfermedad de Newcastle, pneumovirus aviar, influenza aviar) y/o inmunosupresores (infección de la bolsa de Fabricio, anemia infecciosa, enfermedad de Marek)
  • Reacciones respiratorias causadas por virus vacunales (enfermedad de Newcastle, bronquitis infecciosa, pneumovirus aviar)
  • Infecciones secundarias causadas por otras bacterias (Ornithobacterium rhinotracheale, E. coli, Pasteurella spp.)
  • Condiciones ambientales adversas (temperaturas frías, cama húmeda, polvo, alta concentración de amoníaco)

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Infecciones causadas por cepas patógenas de MS en reproductoras se asocian con caídas de producción y disminuciones en los nacimientos. Los signos más comunes en los pollos son inflamación (sinovitis) de la articulación tibio-tarsiana (Figura 4), enfermedad respiratoria, retraso del crecimiento y aumento de los descartes en la planta de faena debido a lesiones de aerosaculitis, septicemia-toxemia, peritonitis y articulaciones inflamadas.

Casos recientes de MS en reproductoras han provocado caídas en la producción de huevo, así como anormalidades en la calidad del cascarón. Estas anormalidades se localizan en el ápice del huevo y se caracterizan por áreas ásperas, delgadas y con mayor translucidez del cascarón (Figura 5). Estos problemas causan un aumento del número de huevos quebrados y rotos. Por lo regular, estos signos ocurren en parvadas positivas a MS y siguiendo brotes del virus de bronquitis infecciosa con caídas en la producción de huevo.

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TRANSMISIÓN Y CONTROL

Las medidas de control se basan en prevenir primero la introducción y segundo, la trasmisión de MG o MS por las rutas vertical (a través del huevo) y horizontal. La transmisión horizontal ocurre a través de aerosoles, contacto con aves infectadas y el contacto indirecto a través del transporte mecánico por parte del personal, equipos, vehículos y cama contaminada.

Otras aves domésticas y pájaros silvestres representan un riesgo para la introducción de MG. El MS causa comúnmente infecciones en gallinas ponedoras de huevo comercial y parvadas de aves en pastoreo o de patio. Los humanos pueden ser portadores mecánicos de los micoplasmas aviares en la mucosa de la nariz y en el cabello hasta por tres días. Por lo tanto, un intervalo de al menos 48 horas después de haber visitado aves infectadas, seguida de duchas a la entrada de la granja y cambio de ropa y calzado ayudan a prevenir su transmisión.

En base a lo anterior, la introducción de micoplasmas se puede evitar mediante:

  • El establecimiento de programas estrictos de bioseguridad y requisitos para la entrada de personal a la granja.
  • Sistemas de producción de una sola edad (“todo dentro y todo fuera”).
  • Evitar el contacto directo e indirecto entre granjas libres de MG y MS con otras parvadas comerciales y aves de patio.
  • La construcción de galpones que impidan la entrada de pájaros silvestres. 

La eliminación de parvadas infectadas (erradicación) es el mejor método de prevención y más redituable para la industria. Por esta razón, los productores de pollo dependen de la disponibilidad de reproductoras certificadas libres de MG y MS.

Para lograr este objetivo, los proveedores de reproductoras cumplen con programas oficiales de monitoreo (vigilancia) que permiten la detección temprana y eliminación inmediata de cualquier parvada de progenitoras (abuelas) confirmada como positiva, así como todos los huevos incubables de la misma.

Del mismo modo, las compañías productoras de pollos requieren del establecimiento de programas efectivos de bioseguridad y monitoreo para mantener a sus reproductoras y pollos libres de estas infecciones.

Obedeciendo a las exigencias del mercado, las operaciones con programas para minimizar o eliminar el uso de antibióticos siguen el sistema de producción presentado en la Figura 6, comenzando con el aprovisionamiento de reproductoras libres de MG y MS, manteniendo a estas parvadas libres durante las fases de levante y producción, ejecutando programas estrictos de bioseguridad y monitoreo, y finalmente abasteciendo a sus granjas con pollitos libres para su crianza y engorda.

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Las vacunas vivas de MG (cepas F, 6/85 y TS-11) se usan comúnmente en las ponedoras comerciales. Su uso es mucho menos frecuente en las reproductoras pesadas debido al riesgo de transmisión vertical y horizontal de las cepas vacunales a parvadas libres, y la posibilidad de que éstas puedan revertir en patogenicidad y causar enfermedades respiratorias en pollos y pavos de engorda.

La vacuna viva de MS (cepa MS-H) se usa en reproductoras en algunas áreas del mundo en donde existe un riesgo inminente de exposición (debido a su proximidad a parvadas positivas) y en donde la eliminación de parvadas infectadas no es económicamente factible.

La cepa MS-H es una vacuna congelada que se administra por gota ocular, induce inmunidad persistente en la mucosa respiratoria, tiene poca transmisión horizontal, no tiene riesgo de reversión y confiere buena protección contra los signos clínicos.

La vacunación se realiza durante el período de levante y al menos un mes antes del desafío esperado (generalmente entre 5 semanas de edad y 5 semanas antes del inicio de la puesta). Típicamente, la respuesta serológica a la vacuna es variable y se desarrolla lentamente. Las pruebas de PCR y la secuenciación se usan para diferenciar la cepa MS-H de las cepas de campo patógenas.

El uso de vacunas vivas contra MG y MS es una herramienta de prevención que puede ayudar a disminuir la severidad de los signos clínicos y reducir el riesgo de transmisión. Estas vacunas requieren de un buen manejo y administración para poder inducir las respuestas e inmunidad esperadas. Así mismo, es importante tener en cuenta que estas vacunas son sumamente sensibles a los antibióticos que en consecuencia deben ser evitados para no interferir con la respuesta a la vacunación.

En general, MG y MS son susceptibles a las tetraciclinas (doxiciclina, oxitetraciclina, clortetraciclina), fluoroquinolonas (enrofloxacina, difloxacina), tilosina, tiamulina, tilmicosina y combinaciones de lincomicina y espectinomicina. Debido a que estos no tienen una pared celular como otras bacterias, no son sensibles a las penicilinas o productos betalactámicos (cefalosporinas, monobactámicos y carbapenems).

Aunque los antibióticos pueden ser usados para reducir la transmisión y la severidad de los signos clínicos, estos no son una buena solución a largo plazo debido a su costo y a que no eliminan el riesgo de infección y transmisión de MG o MS a otras granjas.

Una vez que una parvada es diagnosticada como positiva, ésta debe ser considerada como infectada de por vida y manejada con prácticas de aislamiento para evitar transmisión de micoplasmas a otras granjas.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico se lleva a cabo a través de la identificación de signos clínicos y lesiones seguido de pruebas serológicas y confirmatorias.

La serología es el método principal para el monitoreo rutinario de las parvadas. La serología permite detectar la presencia de anticuerpos contra MG o MS usando las pruebas de aglutinación en placa o de ELISA.

Las reacciones serológicas positivas se confirman comúnmente realizando pruebas de inhibición de la hemaglutinación (HI) y/o de reacción en cadena de la polimerasa (PCR).

Las pruebas de aglutinación son rápidas, sensibles y económicas.

Éstas requieren muestras de suero fresco, de buena calidad (sin contaminación o hemolisis de glóbulos rojos) y sin congelar.

Desafortunadamente las pruebas de aglutinación pueden resultar en algunas reacciones falsas-positivas que deben confirmarse mediante pruebas de HI y/o PCR. Muestras de suero de aves de un día o colectadas entre 2 a 3 semanas posteriores al uso de vacunas inactivadas (particularmente bacterinas) pueden dar resultados falsos positivos.

Las pruebas ELISA para MG y MS son el método serológico más popular para el monitoreo de las parvadas. Las pruebas ELISA son más específicas que la aglutinación y más sensibles que las pruebas HI. La prueba HI es menos sensible pero más específica que las pruebas de aglutinación o ELISA. Sin embargo, el HI es un procedimiento complejo que se realiza solamente en laboratorios de referencia.

El aislamiento en medios especializados de cultivo seguido de pruebas de inmunofluorescencia son los mejores métodos para confirmar un diagnóstico.

Sin embargo, existen muy pocos laboratorios capaces de realizar estas pruebas. De tal manera, las pruebas de PCR se han convertido en una alternativa rápida, sensible y disponible comercialmente.

Las pruebas de PCR a partir de hisopos de la tráquea o de la hendidura palatina son útiles también para monitorear a las aves antes de su transferencia a otras granjas. La secuenciación del ADN en las muestras PCR positivas puede diferenciar a las cepas patógenas de las cepas usadas como vacunas.

La disponibilidad de métodos serológicos y de PCR han facilitado enormemente los programas de monitoreo y la detección temprana de parvadas infectadas. En la mayoría de los casos estas pruebas funcionan muy bien, pero ocasionalmente puedan dar resultados falsos positivos o falsos negativos. Por lo tanto, se recomienda obtener al menos dos pruebas positivas mediante dos métodos diferentes para confirmar un diagnóstico (aglutinación seguida de HI, o ELISA seguida de PCR). Además, es importante señalar que estas pruebas deben ser realizadas en laboratorios con personal capacitado, usando reactivos confiables y siguiendo procedimientos estandarizados.

Mayores detalles pueden ser encontrados en la siguiente publicación del mismo autor:
Mycoplasmosis Prevention and Control in Broiler Breeders and Broilers. AviagenBrief, 2019. http://en.aviagen.com/assets/Tech_Center/Broiler_Breeder_Tech_Articles/English/AviagenBrief-Mycoplasmosis-EN-19.pdf



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