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AUTOR

Equipo Técnico Bioplagen

Diamond V

Es un hecho que la avicultura y sus sistemas de crianza han sufrido cambios con el paso del tiempo. Si seguimos la idea de evolución biológica, poniendo como ejemplo una granja de engorde, esos cambios se llevan a cabo porque se entiende que son la mejor adaptación posible a las circunstancias del momento (nuevas regulaciones en la crianza, cambios en las estructuras y los equipos, manejo, implementación de medidas de bioseguridad, etc.).

Sin embargo, no sólo nosotros adaptamos el sistema para obtener un mayor rendimiento en cada lote de animales, o una menor incidencia de enfermedades, sino que también los causantes de estos problemas, es decir, los microorganismos y sus vectores, también se adaptan a ese sistema cambiante. Como ejemplo, el caso del ácaro rojo de las gallinas, Dermanyssus gallinae.

El ácaro rojo es un pequeño arácnido que causa infinidad de problemas en las naves de avicultura de puesta.

  • Este ácaro siempre ha estado presente en gallina de puesta, pero con el paso a naves de ambiente controlado con jaulas en batería, su presencia y establecimiento se ha acrecentado.
  • Esto es debido a que, con las nuevas condiciones de crianza (que mejoran el bienestar de los animales y los rendimientos productivos), se han facilitado también las necesidades del ácaro rojo: las condiciones de temperatura y humedad son más beneficiosas para su desarrollo, la restricción en el uso de productos insecticidas/acaricidas en presencia de animales o la arquitectura del sistema de baterías, que ofrece numerosos lugares para el anidamiento, reproducción, escondrijo o aislamiento frente a los tratamientos.

A día de hoy, el ácaro rojo se encuentra presente en más del 80% de las explotaciones de avicultura de puesta en Europa, produciendo pérdidas económicas que lastran cada vez más al sector.

La presencia de plagas en las instalaciones avícolas supone un problema ya per se, ya que pueden provocar:

  • Contaminación de alimentos (agua, pienso).
  • Daños materiales (en equipos, estructurales).
  • Estrés y malestar de animales y trabajadores (por su presencia o por picaduras / mordeduras).
  • Descenso en el rendimiento productivo (lo que supone pérdidas económicas).
  • Afecciones, lesiones e, incluso, aumento de la mortalidad.

Si a todo esto, le sumamos que suponen el principal medio de entrada y diseminación de enfermedades en nuestra explotación, el control de vectores se antoja OBLIGATORIO.

Sólo por mencionar algunas de las enfermedades que se transmiten a través de vectores, estarían: salmonelosis, colibacilosis, campilobacteriosis, estafilococias, Marek, Gumboro, Newcastle, Influenza aviar, micoplasmosis o clostridiosis.

En el control de vectores, vamos a tener dos modos de actuar: preventiva y reactiva

PREVENTIVA

Para evitar la entrada y desarrollo de vectores en nuestras naves, entre otras medidas debemos:

  • Manejar adecuadamente las fuentes de agua y alimento.
  • Revisión continua de barreras físicas (vallado, estructuras, paredes, techos, puertas, etc.) y arreglo de desperfectos.
  • Revisión del perímetro externo e interno de la nave (eliminar vegetación, agujeros y posibles vías de entrada hacia los animales).
  • Reducir el trasiego de material de trabajo entre naves.

REACTIVA

Las acciones correctoras, en la mayoría de los casos, se basan en la utilización de productos para el control y eliminación de las plagas en cuestión. Así, podemos encontrar:

Insectos y ácaros

  • Larvicidas: control de huevos, larvas / ninfas y pupas
  • Adulticidas: control de formas adultas

Roedores

  • Rodenticidas anticoagulantes: control de la población

¿CÓMO DEBEMOS LLEVAR A CABO LAS ACCIONES?

En el control de vectores, es muy importante atender siempre a la plaga en cuestión y, sobre todo, a su biología y su etología; esto es, su ciclo de vida, su modo de alimentación y reproducción, y su comportamiento e interacción con el medio en el que se desarrolla, o con el animal de crianza presente.

Comprender la biología y etología del vector nos va a ayudar a evitar que se establezcan como un problema y, en el caso de que ocurra, nos dará la forma de solucionar su presencia.

Pongamos algunos ejemplos:

Dermanyssus gallinae

El ácaro rojo, que ya lo hemos introducido antes, tiene un comportamiento principalmente nocturno, parasita a la gallina un corto periodo de tiempo (permaneciendo escondidos la mayor parte del día) y se siente atraído por los olores y movimientos de los animales, su temperatura y la emanación de CO2 al respirar

Una limpieza continua de polvo, suciedad, plumas, retirada de cadáveres, manejo de posible exceso de humedad y, sobre todo, control del trasiego de herramientas, equipos y personal van a ayudar al control de la población de ácaro rojo; en este caso, las medidas preventivas son fundamentales, ya que son muchas semanas las que pasan hasta que se produzca un vacío sanitario y podamos realizar tratamientos más completos.

Afortunadamente, existen soluciones más naturales, como productos basados en soluciones concentradas enzimáticas que atacan la pared del ácaro (y que ayudan a controlar el problema), o la aparición de nuevos productos insecticidas con registro europeo, que permiten su uso en presencia de animales.

Alphitobius diaperinus

El escarabajo de la cama, mundialmente distribuido en la avicultura de engorde, es un coleóptero de hábitos nocturnos, aunque lo encontramos durante el día desplazándose. Normalmente, se esconden como mecanismo de escape o para anidar y reproducirse. Se sienten atraídos por el calor, la humedad y el amoníaco de las camas. El adulto se va a alimentar del pienso, y las larvas (principalmente) de materia orgánica en descomposición.

Cuando los animales son sacados, el A. diaperinus tarda, como mucho, entre 24-48 horas en migrar hacia escondrijos (falsos techos, agujeros y huecos en perímetros, postes y vigas, se entierran en suelos de tierra, penetran en el material aislante de la nave), por lo que el control con productos larvicidas y adulticidas en ese lapso de tiempo es muy importante.

Roedores

La rata gris, la rata negra o el ratón común son animales que buscan alimento y cobijo para establecer núcleos poblacionales, y nuestra explotación suelen suponer un objetivo para ellos. Debemos identificar el tipo de roedor presente (o presentes) para así poder elegir el cebo anticoagulante más adecuado. Además, buscaremos indicios de su presencia (surcos y caminos, huellas y deyecciones, daños materiales en cables y tuberías) y de los lugares que frecuentan, así como posibles madrigueras; esto nos servirá para trazar un mapa de colocación de portacebos lo más eficiente posible y el tipo de cebo a utilizar (fresco, crema, parafinado, líquido, etc.).

La monitorización del consumo de cebo nos informará de la dinámica del tamaño poblacional y de si el emplazamiento de los portacebos es el idóneo.

 

Diamond V



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