AUTOR

Jose Luis Valls

Director técnico de aviNews.

Diamond V

Después de haber sufrido una pandemia en todo el mundo se ha visto que esta no ha afectado a todos los países por igual, principalmente por la incompetencia y prepotencia de sus dirigentes políticos. Pero a nivel sanitario y desde un punto de vista veterinario se deben sacar aprendizajes y conclusiones para que NO nos ocurra lo mismo con nuestras aves en situaciones similares.

La cantidad de virus en el ave, o carga viral, está directamente relacionada con la eficiencia de la replicación del virus. Una alta carga viral permite que las partículas víricas se transmitan fácilmente de un ave a otra, lo que se convierte en un factor muy importante en la aparición de ciertos tipos de enfermedades.

La carga viral puede ayudar a explicar cómo las nuevas variantes parecen surgir inesperadamente y porque la Bronquitis infecciosa es principalmente una enfermedad de invierno/ primavera en el hemisferio norte, pues hay menos dilución de los virus con la ventilación disminuida. La calidad del aire y el estrés ambiental son obviamente factores, pero la carga viral juega un papel importante.

  • El sexo del ave puede afectar a la gravedad de los signos clínicos asociados con las enfermedades. Así en el caso de los coronavirus, los machos parecen ser más susceptibles que las hembras, pues presentan más receptores a estos virus en las membranas de sus células y por tanto habrá más posibilidades de que los virus se puedan enganchar.

Cuando un ave es infectada con un tipo de virus la edad del ave afecta al resultado clínico de la enfermedad. Así por ejemplo, los signos respiratorios tienden a ser más graves en las aves más jóvenes. Además, la infección en las pollitas reproductoras puede resultar en daños en el tracto reproductivo inmaduro, lo que puede conducir en un futuro a ponedoras falsas.

Una mayor mortalidad puede estar asociada con la infección cuando se produce en los polluelos en comparación con las aves mayores, particularmente con cepas nefropatógenas de Bronquitis infecciosa. Con la misma infestación vírica, las gallinas jóvenes recién iniciadas en la puesta pueden experimentar una disminución dramática de la calidad de huevo y producirse pérdidas de producción mucho más elevadas en comparación con la afectación de gallinas de más edad.

Es bien sabido que los pollos de engorde tienen signos respiratorios más graves cuando están infectados con coronavirus en comparación con las aves de tipo puesta. Las diferentes razas de gallinas de puesta y de engorde pueden ser más o menos susceptibles. Se ha demostrado que las aves con una composición genética determinada son más resistentes a la enfermedad que las aves con otros tipos de haplotipos. Los haplotipos son grupos de genes heredados. Luego el tipo de ave influye en la infestación del virus.

El estado inmunológico del ave puede afectar significativamente el resultado clínico de la infección. Los anticuerpos maternos pueden ayudar a proteger a los pollitos en general hasta por dos semanas, dependiendo del nivel de anticuerpos. La inmunidad activa que resulta después de la administración de vacunas apropiadas puede proteger a las aves de los signos clínicos de la enfermedad, mientras que las vacunaciones y las infecciones en aves inmunosuprimidas pueden dar lugar a signos clínicos graves.

  • Las malas condiciones ambientales en las naves pueden contribuir a la gravedad del cuadro clínico asociado con la infección por los virus, sobre todo en los de tropismo respiratorio. Se ha demostrado que los niveles altos de amoníaco causan ciliostasis, lo que puede resultar en enfermedades más graves cuando concurren en el momento de la infección.
  • Cualquier condición ambiental que cause estrés significativo al ave puede contribuir a un cuadro clínico más grave. Estas condiciones incluyen a una temperatura demasiado alta o baja, mala calidad del aire debido al polvo y al amoníaco, hacinamiento, cama húmeda, mala calidad de la alimentación o restricción de la alimentación, y mala calidad del agua o escaso suministro.
  • Además, las coinfecciones con otros agentes etiológicos de otras enfermedades como el virus de la enfermedad de Newcastle, el virus de la Laringotraqueitis infecciosa, los micoplasmas aviares, o las infecciones bacterianas secundarias y oportunistas como con Escherichia coli pueden contribuir significativamente a la gravedad de los signos clínicos observados por la enfermedad y a un incremento en las pérdidas de producción y mortalidad. Las infecciones complicadas con Escherichia coli pueden conducir a un aumento de los decomisos debidos a las aerosaculitis, pericarditis y perihepatitis que se producen.

 

EN RESUMEN

La gravedad de una enfermedad vírica, causada por ejemplo por un coronavirus, puede verse afectada por muchos factores, incluyendo la cepa del virus, la edad del ave, el sexo, el haplotipo genético, el estado inmune o los factores ambientales. Cada tipo de virus tiene una predisposición por unos órganos determinados, pero normalmente a la vez que se asocia a otros agentes patógenos aparecen lesiones en otros órganos. De esta forma normalmente se producen lesiones en varios sistemas del animal, afectando sobre todo a las vías respiratorias superiores, al tracto reproductivo y al riñón.

Las coinfecciones y los patógenos oportunistas pueden agravar la situación de la enfermedad vírica, lo que a menudo aumenta significativamente la gravedad de la enfermedad. Nada que no se conociera, pero que DEBEMOS RECORDAR para comprender el curso evolutivo de las enfermedades víricas.



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