AUTOR

Ing. Fabio G Nunes - Consultor en Procesamiento Avícola

Diamond V
  • La carga de los pollos antes del faenado avícola es una labor muy importante

Los pollos se capturan manualmente en la casi totalidad de las empresas avícolas en el mundo. Así, para llegar al matadero, los millones de pollos que alcanzan el peso de faena diariamente dependen del trabajo de un inmenso contingente de cargadores. Aunque vitales para las empresas, ellos son infravalorados, ¡con consecuencias económicas dañinas para el negocio!

Responsables de la captura de las aves, los cargadores son indispensables a la avicultura de carne. A pesar de su papel protagonista, ellos no disfrutan del reconocimiento económico y social que se merecen, un problema común a la industria avícola de forma general. La inmensa fuerza laboral que conforman ellos es comúnmente contratada por proveedores de servicio de captura, quienes, a menudo, no les aseguran los beneficios sociales y laborales de ley. A su vez, esos proveedores suministran los servicios a las empresas, ya que, por ahorrar, muchas de ellas optan no tener equipos propios.

Realizada 6 días a la semana, la captura es monótona, fatigosa y desgastante para los cargadores, por la postura antinatural que impone por largo tiempo, la insalubridad de las naves, la incontable repetición de movimientos, y la lluvia, calor o frío cortante que los fustiga durante el trabajo. Más aún, la captura se hace en horario incierto, en el que el día y la noche son indistinguibles, y los viajes de ida y regreso a las granjas, hecho en transporte de precario confort y seguridad, amplían la labor diaria en algunas horas ni siempre pagadas. Como si todo eso fuera poco, ellos hacen el trabajo bajo continua presión para cuidar el pollo y cumplir la programación de retiro. La comida, todavía, ellos toman cuando posible, rápidamente y sentados por algún lado en la granja, ¡al final, la prioridad son los pollos!

Al final del mes, tras haber capturado miles de aves, los cargadores cobran un sueldo indecible, que de forma derogatoria y subliminal, a ellos se les “dice” ¡no hay por qué pagarles mucho! A eso mensaje subliminal injusto, sus mentes reaccionan con frustrantes interrogantes – “si no me reconocen y me valoran a mí como ser humano, ¿por qué rayos debo cuidar a los pollos, hacer bien mi trabajo y estar comprometido con la empresa?” – que los acompañan todos los días a las granjas y mucho influencian como manejan a los pollos al diario.

Pasa que las empresas no se percatan que no son pollos lo que manejan esos dedicados, pero no reconocidos cargadores en su labor, sino que un expresivo patrimonio económico. Tomemos un pollo vivo por solo US$1, y veremos que en una faena de 100 mil aves/día, el patrimonio que maneja los cargadores equivale a US$100 mil, llegando a US$ 2,5 millones al mes y US$ 30 millones al año. Nadie, en su perfecta conciencia, entrega en manos de terceros un patrimonio de esta magnitud sin estar absolutamente seguro de que será muy bien cuidado, excepto las empresas avícolas, que, en el afán de ahorrar tostones, se olvidan de reconocer y valorar a los cargadores, quienes son los que manejan sus millones



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