26/03/2014
Bioseguridad

Restinguir acesos para más bioseguridad en granjas avícolas

La bioseguridad en granjas avícolas es de aquellas cuestiones que por intangible tiende a descuidarse. Nadie se olvida de reparar una linea de pienso obstruida, pero cambiar el desinfectante de los pediluvios con la frecuencia requerida ya es otro tema…

Nos cuesta aprender la conexión directa que existe entre una correcta gestión de la bioseguridad en granjas avícolas y los resultados productivos… pero la realidad es que su mala gestión es la causa primera de cualquier problema sanitario, ya sea espectacular en cuanto a mortalidades, ya sea sigiloso como una ligera caída en los índices de conversión o de puesta.

La teoría radica en aquello de que más vale prevenir que curar. Si los agentes patógenos nunca llegan a los animales, estos no tendrán que ser tratados de enfermedades, así que no perderemos productividad ni tendremos que gastar en tratamientos: lo que no se invierte para la bioseguridad en granjas avícolas se paga dos veces.

Aunque tampoco hay que pasarse. Si sólo nos centráramos en la bioseguridad, poco dedicaríamos a otros trabajos. De todo lo que se recomienda no todo es igual de importante. Conviene priorizar para optimizar la repercusión de nuestros esfuerzos. Cada situación es distinta. Los riesgos a los que está sometida una granja no son los mismos que los acechan a otra. Conviene analizar cuales son nuestras amenazas y capacidades de acción para no desperdiciar esfuerzos.

Es difícil y costoso escapar a las enfermedades que se transmiten por el aire, especialmente si estamos en una región con alta densidad animal. Pero tampoco es este el riesgo más importante que corremos. El control de plagas e insectos dentro de la nave tiende a ser menos cuestionado, pues más allá de los problemas sanitarios que conllevan también implican otros inconvenientes. De esta forma solemos darnos cuenta antes de cuándo fallamos y con mayor premura tomamos las medidas correctivas.

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Lo que no  se invierte en bioseguridad se pago después dos veces

De todos los riesgos a los que se somete a los animales, el principal por frecuencia y gravedad son las labores humanas: desde la descarga de los pollitos, hasta la carga para llevarlos al matadero pasando por las rutinas diarias y las visitas.

Diversos estudios señalan la importancia de la higiene del personal cuando entra en contacto con los animales en la introducción de enfermedades en el lote (el uso de ropa y calzado exclusivos, el lavado de las manos). Pero quizás el aspecto más insistido por los técnicos, y más descuidado por todos en la práctica, es la cuestión de los accesos: el acceso de vehículos al recinto de la granja y el acceso de visitas a los espacios de alojamiento de los animales. Las naves comunes hoy en día suelen ser cerradas al exterior, de forma que es difícil la entrada inadvertida de animales al recinto donde se encuentran las aves. Sin embargo, las visitas parecen tener una especial habilidad para saltarse todas las barreras sanitarias que ponemos entre ellas y los animales.

 Lo ideal sería evitar cualquier tipo de visitas, pero esto es imposible. Así que después de evitar aquellas que sean prescindibles, debemos gestionar las inevitables de la mejor forma posible. Lo primero es saber de dónde vienen para saber a qué nos atenemos. No es lo mismo un técnico que viene de pasar por cuatro granjas que la nuera que viene de la ciudad a vernos el fin de semana. No es lo mismo que entre el coche de la misma nuera que el camión del pienso.

 

Y ya no hablemos de la recogida de cadáveres, especialmente si provienen de algún lugar con riesgo (de estar en contacto con otros animales, ya sea un matadero o una granja) debemos evitar que entren no importa de quien se trate, ya sea el vecino, un comercial, un técnico o el gerente. Y si no hay más remedio, pues que se duche y se cambie de ropa.

En lo relativo a los vehículos, debemos procurar que estos se queden fuera del recinto siempre que sea posible. Y cuando sea inevitable su entrada, asegurarnos que hagan uso del arco de desinfección y pasen por el vado de desinfección de las ruedas (rodiluvios). Los arcos cuentan con la ventaja de ahorrar producto, pues este sólo se emplea cuando pasa un vehículo. Pero deben funcionar, usarse siempre que pase un vehículo y estar adaptados a los vehículos que pasarán por ellos. Los roduiluvios parecen más sencillos de manejar y difíciles de esquivar, pero debemos asegurarnos que tengan un nivel adecuado de solución desinfectante, y que ésta esté activa. Los desinfectantes se inactivan más rápido por la dilución de materia orgánica y por efecto de la luz solar. De forma que conviene protegerlos con alguna cubierta y mantenerlos limpios, además de renovar el producto con la debida frecuencia y elegir aquellos productos que mantengan mayor actividad ante estas condiciones desfavorables. Es triste que lo más corriente sea encontrar el rodiluvio seco o desbordando barro. Ahí está un dinero que nos gastamos en construirlo y que no sirve de nada.

Una alternativa a estos dos sistemas, menos costosa en inversión pero más cara en compromiso, es proceder a la desinfección del terreno que pise el vehículo visitante tan pronto como este se haya marchado. Esta medida combinada con prohibir la entrada de cualquier vehículo que no sea imprescindible sea quizás lo más eficaz, siempre que contemos con suficiente fuerza de voluntad, tanto para evitar entradas innecesarias como para desinfectar después de las visitas.

Tampoco hay que descuidar que debemos limpiar y desinfectar inmediatamente los muelles después de las actividades de carga y descarga. En el caso de la producción de carne esto suele ser más intuitivo, pues en principio deberíamos proceder a la limpieza de la nave después de su vaciado, para su posterior desinfección y reposo necesario para prevenir que se arrastren enfermedades al siguiente lote. En el caso de ponedoras en cambio, parece imposible llevar acabo un vacío sanitario total de las instalaciones. Al menos deberíamos vaciar cada nave totalmente y dejarla reposar un par de semanas al año, si no es después de cada lote. De lo contrario arrastraremos patologías de un lote al siguiente. Para evitar que la nave sea foco de enfermedades para el nuevo lote después de vaciar debemos barrer a fondo, limpiar a fondo con detergente y agua caliente, desinfectar y dejar reposar.

Algunas visitas son inevitables y debemos estar preparadas para gestionarlas de la forma más adecuada. Debemos disponer de ropa y calzado LIMPIOS para que puedan entrar en contacto con los animales con el menor riesgo. Del mismo modo el vestidor donde se duchen y cambien también debe estar limpio y disponer de agua caliente y calefacción, especialmente en invierno. Sólo si proveemos de los medios necesarios tendremos la potestad moral para exigir que las visitas se duchen antes de entrar al recinto donde se alojan las aves.

De igual modo conviene disponer de pediluvios para la desinfección del calzado antes de la entrada al espacio de los animales. Estos pediluvios, como ocurre con los rodiluvios, deben mantenerse activos. Eso implica cambiar el desinfectante cuando se acumule materia orgánica en exceso, y al menos rellenarlos semanalmente para que se mantenga

activo. Conviene disponerlos de forma que no sean evitables y informar de la necesidad de permanecer con los pies sumergidos un tiempo prudencial para que el producto pueda realizar su efecto. (ilustración tiempo) En cuanto a los productos usados, no todos son válidos. Aquellos basados en compuestos yodados, amonios cuaternarios y peróxidos tienden a inactivarse rápidamente en presencia de materia orgánica. Los fenoles ya menos. Y los más persistentes, pero también más tóxicos, son los basados en el formol y el glutaraldehído.

El correcto cerramiento de puertas y ventanas es otro aspecto relacionado con el control de accesos para evitar el acceso incontrolado de animales, y el uso de un libro de visitas. Este último aspecto persigue disponer de información para trazar el origen de un potencial problema sanitario. Sin embargo, el hecho de registrar el origen de las visitas nos ayudará a descubrir el riesgo que estas puedan entrañar, y de esta forma poder actuar antes de que entren cuando el riesgo sea importante.

 

Controlar los accesos a nuestra granja debería ser nuestra principal política preventiva sanitaria. Reducir las visitas a las imprescindibles y prohibir la entrada a vehículos que no requieran imperativamente el acceso al recinto es quizás lo principal. Pero el uso de desinfectantes (en el lavado de manos, pediluvios, rodiluvios y arcos de desinfección) no debe descuidarse. Tan importante es elegir un buen producto como usarlo adecuadamente (dilución y renovación). En cualquier caso, primero conviene gastar en desinfectantes para no terminar necesitando antibióticos. Es más, muchas de las enfermedades son causadas por virus, para los cuales no existe otra estrategia de combate que la prevención.

 

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